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LOS TEJOS MILENARIOS DEL ARROYO BARONDILLO

von Josyto     Spanien > comunidad de madrid > Madrid

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N 40° 49.298' W 003° 54.107' (WGS84)

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 Größe: normal
Status: archiviert
 Zeitaufwand: 4:00 h   Strecke: 6 km
 Versteckt am: 18. August 2011
 Gelistet seit: 06. September 2011
 Letzte Änderung: 07. Februar 2013
 Listing: http://opencaching.de/OCD1C5
Auch gelistet auf: geocaching.com 

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Beschreibung    Español (Spanisch)

 

 

EL BOSQUE MILENARIO

 

Por su singularidad, antigüedad y gran escasez destacan las umbrosas tejedas dentro de los bosques ibéricos. Estas sorprendentes agrupaciones forestales se encuentran constituidas por una conífera siempre verde de gran originalidad: el tejo (Taxus baccata), protagonista de numerosas leyendas de ámbito cultural celta, entremezcladas con el temor a su toxicidad y su aureola de árbol milenario.

Muchos autores estudian las tejedas dentro de los bosques caducifolios atlánticos pues, en la mayor parte de sus poblaciones, el tejo se asocia, como subpiso siernpreverde, con las frondosas propias de los mismos. Resulta entonces más frecuente, a nivel general, encontrar tejedas en la vecindad de bosques de hayas, robles, fresnos y acebos que de pinos o abetos. Es también conocido el hecho de que el tejo alcanza una longevidad harto considerable dentro del panorama arbóreo europeo, conociéndose numerosos ejemplares que superan los 800 años e incluso más.

En Europa occidental se repiten con profusión casos como el del tejo de la abadía de Fontaine (Norte de Francia) que sirvió, documentalmente comprobado, corno refugio de los monjes en el momento de construcción de este monasterio, fechado en el año 1134 (hace más de 800 años ya era grande este árbol). Otros, como el de Fortingall en Escocia han sido datados en más de 2000 años en un paraje donde existió un monumento funerario céltico y hace más de un milenio una iglesia. En España, tejos como los de Allande (Asturias), Tosande (Palencia), Sierra de Guara (Huesca) o los de la Sierra de Cazorla alcanzan diámetros descomunales, a veces de 1.5 a 2.5 m. pero resulta muy difícil calcular su edad debido a las pudriciones internas de sus troncos por parte de los hongos xilófagos o destructores de la madera.

Por otro lado se sabe que las tejedas se extendían por diversas regiones del Viejo Mundo ya en la era Terciaria, junto a secuoyas y otras coníferas. Posteriormente se ha comprobado que fueron muy abundantes durante los periodos interglaciares. Se han encontrado numerosos troncos de tejo preservados durante milenios en las turberas de Irlanda, Inglaterra y Alemania. La antigüedad y vetustez de este umbroso bosque queda pues comprobada.

El tejo es un arbolillo que, de ordinario, mide de 6 a 12 m de alto, aunque a veces llega a superar los 25 m. de altura con copa piramidal y muy oscura vista de lejos. Sus hojas son aciculares, de color verde oscuro por el haz y algo más claro en el envés, colocadas en dos filas a modo de peine. La corteza es inconfundible, delgada y de superficie lisa y pardo-rojiza formando placas alargadas que se desprenden gradualmente. Con frecuencia, los troncos aparecen con la superficie acanalada. Esto es debido a que el crecimiento en diámetro de los mismos presenta variaciones irregulares muy características, por lo parece como si hubiesen sido resinados o descortezados, aunque se trata de un rasgo natural, como decimos.

Esta conífera es un ejemplo típico de árbol dioico, con árboles machos y hembras; en febrero producen aquellos abundante polen dorado, mientras los ejemplares femeninos ostentan sus verdes flores aisladas, apenas apreciables a simple vista. En otoño maduran las semillas, recubiertas lateralmente de una vistosa cubierta carnosa de color rojo llamado arilo, comestible y de sabor dulzón, a modo de una drupa cuya semilla es un pequeño piñón redondeado. El arilo es la única parle de la planta que no resulta tóxica para el hombre.

Los tejos comienzan a fructificar de forma natural a los 20 años ( en plantas aisladas) aunque en los viveros podemos ver pequeñas plántulas con los rojos arilos, pero se trata de injertos. En masas sombrías no comienza a fructificar hasta los 30 años o más. La semilla, que tarda en germinar normalmente 2 años, conserva su capacidad de germinación hasta más de 5 años. Solamente una pequeña parte germina en el primer año. Las plántulas son muy sensibles a la 1uz del sol..

La fructificación del tejo suele ser muy regular y abundante, produciendo semilla cada año, salvo en ejemplares dominados por una sombra excesiva, como ocurre en ciertos hayedos.

El tejo ocupa buena parte de Europa, a excepción de las zonas más septentrionales, abundando en regiones atlánticas, centrales y orientales, como en los Cárpatos, donde forma tejedas considerables.

Vive también en las montañas del Atlas y Rif en Marruecos y Argelia, así como en Asia occidental hasta el norte de Irán. En. los países mediterráneos se refugia en las montañas más umbrosas y aunque se ve afectado por las sequías, prospera en numerosas islas. Así, en la isla de Córcega forma tejedas con acebo en las vertientes más frescas.

 

 

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ÁREA Y HÁBITAT EN ESPAÑA

 

En la Península Ibérica, el tejo, resulta más frecuente en las cordilleras septentrionales y orientales, especialmente en el tercio norte peninsular, Sistema Ibérico y Central. Abunda en Galicia, montes de León y Asturias. Muy escaso en los Montes de Toledo y relativamente disperso por las sierras meridionales y orientales, donde medra en la Sierra de las Nieves, Sierra Nevada, Sierras de Cazorla, Segura y Alcaraz, montañas levantinas y catalanas, además de la Sierra de Tramontana en Mallorca. Ocupa con gran predilección las umbrías, laderas orientadas al norte o este, donde la frescura y humedad del ambiente quedan aseguradas. Su temperamento es de especie de sombra e higrófilo. Vive sobre todo en las faldas y áreas pedregosas y ásperas de las montañas desde los l00 a 1400 m de altitud. En el Sistema Central alcanza los 1.800 m de altitud mientras que en Sierra Nevada podemos encontrar pequeños tejos enriscados a más de 2000 m. Por otro lado, en. ciertas zonas de la cornisa cantábrica como en Guipúzcoa o Asturias los tejos crecen apenas a 40 m de altitud. La ecología del tejo es variada; aunque vive mejor en terrenos calizos, tolera bien los silíceos, adaptándose a los arcillosos. De hecho alguna de las tejedas mayores de España –como en Galicia– se encuentran en terrenos con pizarras y granitos. Con frecuencia el tejo crece en desfiladeros y cañones rocosos, introduciendo sus raíces en las grietas de modo inverosímil y sorprendente. Resiste el frío intenso pero mal las heladas tardías.

En las montañas cantábricas occidentales, como en Galicia, Asturias y León el tejo crece esparcido por robledales y hayedos, localizados en suelos ácidos, en mezcla con acebos, abedules, mostajos, maillos. fresnos y serbales, entre helechales de helecho común (Pteridiurn aquilinum) y matorrales de brezos o urces (Erica arborea y E. australis) y escobas (Genista florida, Cytisus scoparius y Cytisus cantabricus). La presencia casi constante del acebo en las tejedas formando masas mixtas de ambas especies es de gran importancia botánica. Tanto el tejo corno el acebo proceden del bosque de tipo lauroide del Terciario adaptado a climas húmedos y templados. Por otro lado, como veremos, la acción del hombre favoreció históricamente a las agrupaciones de ambas especies por sus aplicaciones forrajeras y técnicas.

En las montañas calizas, los tejos se mezclan con hayas. mostajos, tilos, arces, robles y pinos de varias especies, así como espinos pudios (Rhamnus alpinus), guillomos (Amelanchier ovalis), griñoleras (Cotoneaster integerrirnus, C. nebrodensis y C. gronalensis) y barbaleñas (Viburnurn lantana). Notables por su originalidad son las tejedas mediterráneas como las catalanas, mallorquinas y levantinas, en las que el tejo se mezcla con madroños, carrascas, zarzaparrillas, cornicabras, bruscos, labiérnagos. etc. En los Sistemas Ibérico y Central podernos encontrar tejos en pinares de pino albar (Pinus sylvestris), pino rodeno (Pinus pinaster) y pino salgareño (Pinus nigra).

Hay pocas plantas herbáceas que prosperen bajo la sombra densa del tejo. Entre las afortunadas se cuenta la umbelífera Sanícula europaea, que caracteriza las tejedas, así corno diversas especies tolerantes de la cubierta arbórea espesa, como Corydalis cava, Mercurialis perennis, Helleborus occidentalis y Euphorbia hyberna.Su crecimiento es lento, aunque su vitalidad –como su longevidad– resulta proverbial. Rebrota con gran vigor de cepa y de las ramas cortadas, soportando muy bien tanto el mordisqueo de los herbívoros, como el de las insistentes tijeras de los jardineros.

 

 

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SORPRENDENTE ATRACCIÓN PARA LA FAUNA

 

Aunque los tejos posean sustancias fuertemente tóxicas para el hombre (en toda la planta salvo el arilo), curiosamente, muchos animales buscan sus hojas corno alimento –parecen ser inmunes– como los ciervos y corzos o el ganado vacuno, siempre que esté acostumbrado, pero no los caballos ni las ovejas. Además la fauna aprovecha en invierno el efecto térmico frente al frío y el viento de esta conífera. La cabra montés ramonea mucho sobre los tejos, llegando a impedir su regeneración cuando abunda en exceso. En las sierras béticas, estas coníferas, por esta razón quedan recluidas a veces a las grietas y paredes inaccesibles.

Entre las aves que se ven atraídas por los rojos y dulces arilos del tejo y que dispersan posteriormente sus semillas se cuentan sobre todo pájaros medianos o pequeños, esencialmente mirlos, estorninos, zorzales charlos y zorzales comunes y, en menor medida, petirrojos, currucas capirotadas y arrendajos. Curiosamente las aves frugívoras, después de consumir estos rojos arilos, necesitan beber agua imperiosamente, debido al carácter glutinoso de la pulpa. Entre los mamíferos, el tejón o tasugo (que curiosamente coincide con nuestro árbol en la raíz latina Taxus de sus nombres populares) es el que con mayor fruición busca alimentarse con la pulpa de los arilos del tejo, dispersando las semillas en sus excrementos y favoreciendo su germinación. También los zorros y garduñas aprovechan cuando pueden esta fuente de azúcares.

Las semillas las consumen sobre todo los verderones, carboneros comunes, picogordos y pájaros carpinteros como pitos reales y picos picapinos. Resulta sorprendente

que el interior de la semilla –muy tóxica para el hombre  no les afecte.La fauna dispersadora de sus semillas es la causante de que con frecuencia el tejo aparezca acompañado de mostajos, serbales y majuelos. Esto es debido a que los animales consumen varias especies de frutos que dispersan a la vez en sus excrementos, por lo que aparecen posteriormente todos estos arbolillos juntos. A veces las preferencias de alguna especie parecen determinar cierta composición en el bosque. Por ejemplo, los zorzales charlo y alirrojo consumen los arilos del tejo y los frutos del acebo por lo que los tejos y acebos de sus semillas nacen a la vez en los lugares donde se posaron estas aves, dando lugar a las tejedas acebedas.

Entre los insectos inmunes a los venenos del tejo y hongos parásitos se encuentran varios atacantes exclusivos de esta conífera: existe un pequeño mosquito (Taxornya taxi), que origina con su picadura unas curiosas agallas foliosas en forma de turbina o “alcachofa” que puede engañar a los poco avezados y parecerles un fruto. El insecto Cecidomya taxi come sus yemas y Liparis monacha sus hojas. Uno de los hongos que atacan sus hojas es Diplodia taxi y su corteza Microspora taxi.Entre los hongos de gran tamaño que actúan como parásitos de los viejos troncos del tejo destaca el vistoso y sorprendente “pollo de monte” (Laetiporus sulfureus), de vivo color amarillo o naranja, comestible cuando es joven y cuando crece sobre robles y fresnos, pero del que se duda de su comestibilidad cuando crece sobre el tejo.

 

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USOS

 

Los usos del tejo son múltiples e insospechados, desde el valor ecológico, ornamental, forrajero (para vacas y cabras) y su dura madera, hasta las más modernas aplicaciones en medicina contra el cáncer. La madera del tejo, fuerte, densa y marrón oscura con médula rojiza y tonos púrpuras, es proverbial por su larga duración. Es de las más apreciadas en Europa en tornería y ebanistería, empleada para tarimas, sillas, mesillas, instrumentos musicales y escultura.

En la conocida Geografía de Pascual Madoz (1845) al hablar de los árboles de la provincia de León, dice “en tal punto de las montañas de Valdebrón, en muchas de Cabrera y en todas las cumbres Aquilianas, hay tejos, cuya madera sumergida en agua de cal adquiere un hermoso color caoba, bien que quedando siempre algunas vetas blancas o amarillentas que le dan aún mayor realce; a su durabilidad une la circunstancia, según opinión del país, de no criar jamás chinches”.

Por su elasticidad y fuerza goza desde antiguo de gran estima en la fabricación de arcos y tanzas, como en los muy afamados arcos medievales. Se han encontrado arcos neolíticos en las turberas inglesas de Somerset. Asimismo se han descubierto lanzas de tejo de hace l50.000 años en Inglaterra y de 90.000 en Alemania (Sajonia), también en turberas. Todavía a comienzos del siglo XVII, principiando la Edad Moderna se utilizaban los arcos de tejo y en 1.560 se exportaron más de 36.000 arcos de Austria con destino a Inglaterra.

Este uso guerrero ancestral hizo aparecer curiosas legislaciones medievales protectoras del tejo desde hace muchos siglos, remontándose en varios países europeos a la Alta Edad Media. Así, por ejemplo, en España, en los antiguos fueros de Soria (siglo XII) y Sepúlveda (siglo XIII) se protegía al tejo como al acebo, para su uso forrajero, no permitiendo aprovechar más que las ramas que pudieran cortarse a mano y no con hacha o cuchillo. Esta curiosa regulación ancestral es común a la de ciertas zonas rurales célticas de Irlanda y Escocia. En muchas de estas regiones europeas, incluidas las españolas, se permitía el desmochar los tejos, pero nunca cortarlos para aprovechar sus ramas en la fabricación de arcos y lanzas. Curiosamente los ingleses a lo largo de la Edad Media importaron mucha madera de tejo del norte de España para su provisión de su ejército, ya que consideraban los arcos españoles como los más fuertes. Esto ya planteó desde hace siglos la reforestación artificial e implantación de tejedas articiales. Por ejemplo, Ricardo III de Inglaterra, alrededor del temido año 1.000 consta como el primer repoblador de tejos, ya que ordenó realizar por aquel entonces una plantación general de tejedas, algunas de las cuales perviven en la actualidad como las muy extensas de Chichester en la demarcación inglesa de Sussex. En Inglaterra, el Parlamento prohibió terminantemente la exportación de madera y arcos de tejo.

 

 

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UN ÁRBOL SERIO Y SIMBÓLICO

 

El tejo es uno de los árboles emblemáticos del mundo cultural del ámbito céltico y atlántico europeo. Representa la eternidad, como ocurre con el ciprés en las culturas mediterráneas y ya se plantaba en los cementerios y santuarios hace milenios como en la actualidad. El tejo pasó a gozar de auténtica veneración por su longevidad y aspecto. Así, en numerosas regiones europeas atlánticas, las asambleas populares se realizaban al amparo de nuestro árbol, como, por ejemplo, la celebración de las reuniones del concejo en las plazas asturianas e incluso la firma de tratados y fueros regionales, para que quedase fiel constancia de la eterna validez del acuerdo.

Tanto en las poblaciones de montaña del norte peninsular como en Inglaterra e Irlanda, se plantaban tejos junto a las iglesias y ermitas así como junto a los hórreos y casas en el momento de iniciarse su construcción. Se solían recoger las plántulas de los regenerados naturales del monte, y se trasplantaban al lugar definitivo. Las ramas de tejo se han empleado como ornamentales en numerosas fiestas populares de los países de raigambre céltica. Así en el norte de España, como en Irlanda o Bretaña, las ramas se llevan a bendecir en el Domingo de Ramos como “palma” y posteriormente se colocan en las ventanas como protección contra rayos y desgracias. En la cristiana Irlanda, donde se encuentra una de las tejedas europeas de mayor extensión (Muckross, en el Parque Nacional de Killarney) se vienen haciendo con madera de tejo, cruces, sagrarios, arcas e imágenes religiosas.En ciertas regiones europeas queman ramas y hojas de tejo para matar o ahuyentar a los ratones e insectos de los silos y pajares.

La conciencia de la toxicidad del tejo es muy antigua. Hace dos milenios, el historiador y geógrafo Estrabón comenta que los celtas galos empleaban el veneno del tejo en la punta de sus flechas y el uso de este veneno de efectos fulminantes. El escritor latino Silio Itálico explica como los cántabros se suicidaban con el veneno del tejo, de efectos fulminantes, cuando eran capturados por el enemigo. Curiosamente la pulpa del arilo, rico en azúcares y sustancias sacarinas se empleaba en los pueblos del norte de España para elaborar jarabes de aplicaciones pectorales. En Palencia y otras provincias, los niños saboreaban sus arilos, llamándolos “chupamieles”, desechando, claro está. el tóxico “hueso”.

El tejo se considera como una de las coníferas europeas más ornamentales utilizado con profusión en los parques. Posee múltiples variedades de jardín (más de 40). Existe la variedad aurea de vistosos color dorado, la irlandesa o hibérnica, de ramas erguidas o la más destacada de “fructu luteo” de arilo de vistoso color amarillo. El tejo, además tolera la contaminación de las ciudades. especialmente las emisiones de dióxido de azufre e incluso los aires salinos. Admite la poda continuada de sus ramillas como ninguna otra especie, rebrotando siempre con vigor. Admite muy bien el recorte, dándole formas harto caprichosas, en lo que se conoce en la jardinería inglesa corno “topiary” o “Ars Topiario”. método de intenso “modelado” de arbustos, dando al tejo formas de objetos, animales, fórmas geométricas, etc.

La denominación céltica del tejo (Idu, Ibi e Iwenn se encuentra en los topónimos cantábricos corno Iguña, Igüeña, Ibio, Ibias, etc, así como en el antiguo nombre de los montes del Sistema Ibérico Norte (Urbión, Cebollera, etc) llamados ldubedas (ldubedas signica tejeda). En Castilla y León son muy frecuentes los nombres de montes como la Tejeda, Tejedo, así como los de El Teijo (León y occidente de Zamora), Teixedo (León y Zamora), Teixedelo (Zamora), Teixeira, etc.

El topónimo Tejera si bien puede significar “lugar de tejos”, también es el lugar donde se fabrican tejas. Numerosas tejedas de Castilla y León ya vienen reseñadas en el Libro de la Montería de Alfonso XI el Justiciero del siglo XIV. La denominación “texeda” figura en el siglo XV (Libro de la Montería del Duque de Almazán), al hablar de los distintos tipos de montes.

 

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EL TEJO EN LA MEDICINA

 

Si bien en medicina popular el tejo se evitaba por su elevada toxicidad –el alcaloide taxina es mortal para el hombre incluso en dosis reducidas– en los últimos tiempos se ha tratado sobre la acción de este sobre el cáncer.

En los años 60 se identifican en el tejo un variado conjunto de alcaloides –más de 40– con propiedades antitumorales. En los años posteriores se comprueba que uno de ellos , denominado taxol, presenta una fuerte actividad anticancerosa, aplicable sobre todo a cánceres de ovario y mama y,  en menor medida a los de pulmón, estómago, etc. Esto quedó reflejado en las palabras del doctor norteamericano S. Broder, del National Cancer Institute de que el taxol era la droga de efectos más destacados en el tratamiento del cáncer en los últimos 15 años.El taxol se extrae de la corteza de los tejos, que han visto muy reducido sus poblaciones en varios países. De hecho en 1990 la demanda de corteza de tejo alcanzó los 300.000 kg. cifra que resulta muy alta, debido a que el tejo crece muy lentamente y su producción de corteza es aún menor. Se ha propuesto la plantación masiva de tejos, así como el empleo de las hojas –con menor proporción del alcaloide y más difícil de extraer con vistas a la conservación de este valioso recurso natural.

 

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UN BOSQUE MILENARIO EN PELIGRO

 

En estos últimos años se ha dado por todo tipo de asociaciones conservacionistas la voz de alarma ante la situación terminal en la que se encuentran numerosas poblaciones de tejos de la Península. Las tejedas, como se sabe, ocupan extensiones reducidísimas en cuanto a superficie se refiere. Representan una verdadera reliquia botánica, testigo del bosque terciario europeo. Muchas tejedas han desaparecido en los últimos dos siglos debido a desaprensivos sin escrúpulos que han talado estos montes por el valor elevado de su madera. Así tejedas enteras, como la del Alto Campoo en Cantabria, fueron eliminadas en un año, después de haber permanecido protegidas durante siglos.

Asimismo, la regeneración de este singular bosque se encuentra más que comprometida. Escasean enormemente los tejos jóvenes y vigorosos, debidos en parte a ser especie delicada, que sufre además con la acción de los herbívoros domésticos y salvajes.Las tejedas con frecuencia suponen el refugio de cérvidos en las reservas de caza y parques naturales que recomen insistentemente las pocas plántulas. Por otro lado se ve atacado por hongos parásitos corno los muy virulentos Laetiporus sulphureus y Heterobasidion annosum, azote de los bosques de coníferas. Estos bosques milenarios que en su día colonizaron las tierras del occidente europeo, languidecen y malviven en nuestros montes en estado de completa depauperación, a veces cortados sin reservas, con la excusa de que son venenosos, Estas agrupaciones vegetales únicas deben ser protegidos y cuidadas de forma urgente, actuando con las medidas técnicas necesarias, volviendo a instaurar la ancestral costumbre de la repoblación de tejedas y favoreciendo su regeneración natural. Sólo así podremos seguir disfrutando muchos años de la misteriosa y sobrecogedora belleza de estos bosques incomparables.

 

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NATURALEZA Y JERARQUÍA DEL ÁRBOL

 

Antes incluso de que el hombre se irguiera sobre sus patas traseras, cultivó esta extraña relación con un árbol misterioso, el tejo, que le atraía con sus deliciosos frutos y mucho más tarde por las incomparables cualidades técnicas de su madera. Es difícil saber en qué momento nuestro árbol adquiere un carácter sagrado o comienza a ser objeto de admiración y culto. Posiblemente algunas de las razones que explican este rango de árbol primordial que mereció el tejo en diferentes culturas, radicaban en aspectos como su asombrosa longevidad, la capacidad de rebrotar incesantemente aún después de caído, el follaje perenne, la dureza pétrea de su madera y su increíble elasticidad, el color rojo intenso de este material que en las heridas recientes cobra un aspecto sangrante, y su potencia letal que reside en todas sus partes salvo en la envoltura roja, carnosa y comestible de su semilla negra.

La investigación en campos tan diferentes como la etnografía, leyendas y tradiciones orales, etimología, historia, etc., revela la existencia de una arcaica “religión”, cuyo centro sagrado y motivo principal era el tejo y que aglutinó razas, culturas y etnias generando a su vez diferentes cultos mistéricos en los que actualmente apenas pueden reconocerse las huellas del arcaico significado. Aunque tenemos noticias que hacen sospechar una extensísima distribución geográfica de este culto,  en el cual aún se conserva la memoria de diferentes formas de veneración o significados rituales entre los griegos y los romanos, celtas, germanos...

Sin embargo son las regiones más occidentales del continente, desde Alemania a Galicia, a lo largo de toda la costa atlántica y las islas británica e irlandesa, las que han conservado en mayor grado de pureza muchas de las relaciones tradicionales con este árbol y un sinnúmero de centros sagrados en los que el imponente y sombrío tejo, ha sobrevivido alcanzando edades de vértigo, junto a ermitas, iglesias, abadías, cementerios, castillos y casas humildes y cualquier lugar en el que los hombres han experimentado la urgencia de renovar la antigua alianza, tal como se continua haciendo en algunos lugares de España.

No podemos entrar a valorar, ni siquiera a enumerar el sinfín de ceremoniales y funciones en los que este árbol se vio involucrado en su diálogo secular con el género humano. Como muestra, valga la asamblea o concejo de vecinos, los juicios y las fiestas, las reuniones de todo tipo que se hicieron hasta ayer mismo bajo la frondosa copa, junto al tronco inmutable, al amparo del árbol más viejo, el tejo sagrado.

Allá donde este género, en continua regresión por causas climáticas, ecológicas, etc., se ha conservado, ha perdurado frecuentemente también en la memoria de los hombres el sentimiento de supremacía del tejo respecto a los otros vegetales.

Así la denominación del tejo japonés Ichi-i, tiene un significado de rango social supremo y el cetro del emperador japonés estaba hecho de esta madera.

 Existen asimismo mitos y leyendas norteamericanas en los que el tejo es árbol principal o árbol jefe de todos los otros árboles y matas y en un cuento de este continente el ‘tejo occidental’ esta consagrado a Hoh y Quileute porque un arco hecho con su madera lanzó la flecha sobre cuyos lomos ascendieron al firmamento la Osa Mayor, la Osa Menor y todos los animales representados en las constelaciones.

Idéntico rango y concepto de árbol jefe lo atestigua una ley irlandesa (Brehon Law) que establece las distintas multas por derribar árboles, su cuantía dependía de la importancia o rango de los mismos. En este caso el tejo compartía la jefatura con otros seis ‘árboles jefes’. En otra antigua ley galesa es el ‘consagrado tejo’ en solitario el que encabeza el orden de importancia con una libra de multa por cortarlo.

Curiosamente la palabra agin que designa al tejo en euskera tiene su exacta concordancia en el verbo agindu: ordenar (en el sentido de mando), prometer. Interesa señalar que las diferencias entre los distintos tejos son tan pequeñas que algunos botánicos los consideran una sola especie. En otras muchas regiones y culturas el tejo ha caído en el olvido o se ha extinguido como árbol silvestre y es preciso entonces rastrear sus huellas indagando en la historia y otras fuentes. A menudo otras especies, como veremos, han suplantado a la original y generalmente mantienen un parecido físico o comparten algunos de sus atributos. Este tema, que aquí tan solo esbozamos, lo trata ampliamente R. Graves en su “Diosa Blanca”, que estudia las causas de estas frecuentes sustituciones arbóreas en los panteones de distintas culturas.

Muchas y muy sugerentes son las razones que explicarían como dijimos este especial reconocimiento hacia el tejo y el arraigo y la vitalidad con que han sobrevivido hasta nuestros días muchos de sus sagrados representantes y algunas de sus funciones. Sin embargo son tantas las seductoras sendas y sus ramificaciones que resulta imprescindible centrarse y para ello hemos escogido algunos aspectos puntuales en los que podemos aportar datos o puntos de vista menos conocidos.

 

 

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EL USO DEL TEJO EN LA ANTIGÜEDAD

 

El tejo (Taxus baccata L.) es un árbol verdaderamente especial, que ha atraído a la humanidad desde su más remota antigüedad, el uso de su madera se conoce desde el Paleolítico, en la fabricación de arcos, lanzas y otros utensilios como peines y mangos.

El famoso Hombre de los Alpes (datado en el mesolítico) descubierto en un glaciar en 1.991, llevaba entre sus pertenencias un arco de tejo y un hacha con mango de la misma madera. También se sabe con seguridad de su utilización neolítica en viviendas y palafitos, así como en sarcófagos. Los pueblos del Norte utilizaban piezas de tejo a modo de clavos en la construcción de sus barcos, los famosos drakars vikingos.

Su uso simbólico y/o mágico es también muy antiguo, ya los pueblos celtas, celtíberos, vascones o arios, lo plantaban junto a sus enterramientos, venerándolo como árbol sagrado. Los druidas celtas lo consagraron a sus dioses subterráneos, mientras que los griegos hicieron lo propio con sus deidades de los infiernos y de la muerte. De Artemisa, diosa de los bosques y de la caza, se creía que sus flechas estaban embadurnadas con zumo de tejo. Los romanos con sus hojas hacían coronas en los días de duelo, portándolas sobre sus cabezas en señal de luto.

En Iberia es muy conocida la cita de Estrabón donde cuenta cómo los galos, entre los que se encontraban los pueblos celtas del norte de la Península Ibérica, untaban sus flechas con zumo de tejo y cómo después se envenenaban ellos mismos empleando sus hojas para no sobrevivir a la muerte de sus jefes en la batalla. Según recoge el mismo Estrabón, el veneno era utilizado por los guerreros vascones para impregnar las flechas. Astures, cántabros y galos usaban el zumo de tejo para suicidarse antes de caer en manos romanas. En plena Edad Media aparecen abundantes referencias a los arcos de madera de tejo, arcos que adquirieron gran prestigio militar. En esta época, en Europa, sobre todo entre los anglosajones, algunos ejemplares singulares de tejo fueron testigo de acontecimientos históricos relevantes: bajo el tejo de Anker se firmó en 1.215 la Carta Magna. En el de la abadía de Les Fontaines, en el Valle del Loira, se refugiaron los monjes hasta que se construyó el monasterio en 1.134. El viejo ejemplar de Fortingall en Escocia, según cuenta la leyenda, sirvió de cobijo para amamantar a Poncio Pilatos, mientras permaneció allí su madre en una misión romana. El tejo de Grasford es conocido porque debajo de él fue enterrada Juana de Arco. Shakespeare nos narra cómo el padre de Hamlet murió envenenado mientras dormía, al verterle su propio hermano

extracto líquido de tejo por el oído. Numerosos poetas como Arnold o Wordsworth, citan al tejo en sus escritos.

 

*Extraído de   "10 AÑOS DE ESTUDIO SOBRE TAXUS BACCATA (TEJO)"

 

 

 

 El caché, lo hemos escondido, como no podía ser de otra forma, muy cerquita de un tejo.

Uno de los tejos, que por cierto es femenino, está datado entre 1500 y 1800 años, quizás sea el ser vivo mas viejo de Madrid, por favor ser respetuosos con el entorno, recodar que aquella es su casa, ellos estaban antes...

Llevar foto spoiler, para ir sobre seguro.

Esperamos que disfrutéis con el recorrido.

Suerte en las búsquedas.

 

 

 

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Hinweis 07. Februar 2013 mic@ hat eine Bemerkung geschrieben

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mic@ (OC-Support)