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El Cerro de los Santos de Seseña

von alamostrail     Spanien > Centro (e) > Toledo

N 40° 07.546' W 003° 42.331' (WGS84)

 andere Koordinatensysteme
 Größe: klein
Status: kann gesucht werden
 Zeitaufwand: 0:30 h   Strecke: 0.5 km
 Versteckt am: 03. Juni 2012
 Gelistet seit: 03. Juni 2012
 Letzte Änderung: 03. Juni 2012
 Listing: https://opencaching.de/OCE483

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El GEOCACHING se encuentra en lo alto de un cerro. Aquí hay un despoblado del siglo XIII donde se localizan muchos restos de cerámicas y arranques de muros de viviendas. En este cerro existe una necropolis o cementerio donde han aparecido tumbas medievales y otras cosas un tanto extrañas. Por ejemplo: ¿Por qué los que buscan con el detector de metales monedas, objetos históricos de metal, encuentran muchas tijeras de corta en el CERRO DE LOS SANTOS? A raíz de las comunicaciones al respecto el erudito Domingo Izquierdo y amigos de la historia peinaron el despoblado y, efectivamente, sacaros casquillos de balas de la Guerra Civil española, peines de balas, balines, ¡y cinco tijeras! La tipología, forma de las tijeras no se corresponde exactamente con las del primer tercio del siglo XX.

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Tradicionalmente las tijeras son atributo de Átropos, (en griego Ἄτροπος, ‘inexorable’ o ‘inevitable’ Su nombre significa literalmente “aquella que no puede desviarse (cambiarse), o torcerse”), a veces llamada Aisa,  una y la mayor de las tres Parcas (romanas) o Moiras (griegas), encargada de cortar el hilo de la vida con sus «aborrecibles tijeras».  A modo de curiosidad, señalaremos aquí que la divinidad Átropos, la más terrible de las Parcas por manejar las tijeras con las que corta el hilo de la vida, ha dado nombre a una de las plantas más venenosas que existen, la belladona. El nombre latino es atropa belladona, y en medicina se usa la atropina como estimulante. Y en relación al hilo o lana que hilan, devanan o cortan, si es de color blanco significa que la persona tendrá una existencia larga y feliz, pero si es de color negro significa que la vida de esa persona será corta e infortunada. Quizás de esta creencia proceda la costumbre de llevar la ropa de duelo de color negro. Pero eso será en nuestra cultura occidental, pues en otros países orientales, las personas que guardan duelo se visten de blanco.

Existe la tradición por la cual nunca se deben regalar tijeras, salvo que se de a cambio una moneda o se pinche previamente, de forma inocua, a la persona que es destinataria del regalo. Pese a ser un elemento maléfico, las tijeras gozan, como otros utensilios, de una función dual y pueden servir en algunas ocasiones para cortar las energías negativas. Desde esa condición conjuran al mal de ojo y abiertas en cruz junto a una puerta, impiden la entrada de las brujas. Es práctica habitual en la España meridional colocar unas tijeras junto al lecho de una mujer embarazada para aliviar los dolores propios del alumbramiento. Éstas han de formar, con ambas cuchillas, la forma de cruz.

Pero hay otro dato más que no saben a qué autor imputárselo: los “botones” de concha anacarada ¡con un solo agujero!. En las trincheras de la Guerra Civil del 36 aparecen botones de concha de molusco marinos con los dos agujerillos correspondientes; en el Cerro de los Santos, ¡solo con una perforación! Según los coleccionistas de objetos de la Guerra Civil del 36, que buscan cosas en las áreas posicionadas (trincheras, comedores, puestos de mando, refugios, dormitorios, almacenes, etc.) no encuentran tijeras.


Hace unos 25-20 años, algunas mujeres de la Boleta (barrio de Seseña) le contaron, que en el Cerro de los Santos se reunía las AOJADORAS, es decir, las que curan del mal de ojo. Habiendo oído en muchos pueblos la tradición oral sobre la existencia de un lugar concreto donde se “juntaban” las mujeres viejas y jóvenes nocturnamente.

 

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¿Quiénes son los aojadores?
La tradición considera a las mujeres que están menstruando como aojadoras, lo cual guarda relación con la imagen que tenían los antiguos semitas de la mujer sin hijos, ya que la esterilidad era considerada como una gran desgracia e indicio de una maldición divina.


Otros afirman que los individuos portadores del maleficio presentan unas características especiales que permiten identificarlos. Así, los aojadores son envidiosos convulsivos, celosos en extremo, tienen deseos inconfesables y sienten abominables tendencias; y las precauciones deben extremarse con ellos, pues son capaces de ejercitar sus malas artes  simplemente mirando a alguien o a algo a la vez que lo alaban.
En la tradición oriental y en Andalucía se cree que la persona de ojos azules, o la que tenga una vena en el entrecejo o dos pupilas en uno o ambos ojos está dotada para el ejercicio del aojamiento. Está muy extendida la creencia de que este mal se inocula por el aliento, beso, tocamiento y mirada de algunos individuos, al tiempo que menciona unas palabras determinadas.


Antiguamente, se culpaba de este mal a los diablos, a los duendes y a las brujas, pero en la actualidad, cuando ya parece que hemos superado la creencia en estos seres y los tildamos de ficticios, les echamos la culpa a ancianas que observan un comportamiento anómalo y a las gitanas. Es curioso que, en tiempos pasados, se creyese que la luna era capaz de causar este mal.


Las aojadoras eran consideradas personas perversas y dignas de la muerte por causar graves daños a los demás. En Europa, todas aquellas personas a las que se les descubrían signos de aojadoras eran quemadas en la hoguera durante la Edad Media. A mediados del siglo XVIII, la Inquisición puso fin a la vida de la desaojadora Ana Muñoz, conocida como ‘la Rata’, oriunda de Teba (pueblo malagueño).

 

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Los ojos son, quizá, la parte más expresiva del rostro humano y, desde tiempo inmemorial, han sido fuentes generadoras de numerosas supersticiones que atañen tanto a su color como a la manera como se utilizan para mirar. En este escrito vamos a ocuparnos del aspecto que incuben a la mirada. A los órganos de la vista en el hombre y los animales, no sólo se les reconoce la cualidad de transmitir los sentimientos más ocultos e íntimos de las personas, sino que ha sido y es creencia en todas las culturas que se conocen que también son capaces de ejercer el aojamiento o la fascinación; es decir, lo que todos conocemos como el mal de ojo.
En efecto; en todos los lugares del planeta hay personas que creen que todo lo que les rodea (animales, plantas, personas) puede ser afectados por el mal de ojo. Pero ¿qué es el “mal de ojo”?


Una primera acepción del término nos dice que mal de ojo es la “enfermedad que se atribuye a la vista de alguno que mira con ahínco o con ojos atravesados”; en principio, pues, el mal de ojo no es otra cosa que una patología que afecta al órgano de la vista y que podría identificarse con el ‘estrabismo’. Pero quizá por el efecto de incomodidad (o rareza, si se quiere) que produce en nosotros la mirada de un bizco, las gentes han extendido también la aplicación de dicho término (y así se recoge en el DRAE) al “influjo maléfico que, según vanamente se cree, puede una persona ejercer sobre otra mirándola de cierta manera, y con particularidad sobre los niños”. Así entendido, hablamos de una suerte de encantamiento, embrujo o hechizo que algunos individuos ocasionan con su mirada a las personas, animales, plantas o cosas.


Según los terapeutas especializados en mecánica vibracional, el mal de ojo es una enfermedad mental pasajera, resultado de la unión de las creencias personales con la falta de propósitos en la vida y la depresión. Por otra parte, el científico ruso Alexander Gurvitch, en la década de los treinta del siglo pasado, llegó a la conclusión de que la mirada emite una serie de rayos invisibles que afectan a las personas a las que va dirigida; de esta manera, con sólo mirar a una persona a los ojos, podemos sentir su poder, su malicia o, por el contrario, su ternura, candidez o bondad.


Por su parte, los seguidores de las artes mágicas y los muy dados a la fenomenología paranormal afirman que el mal de ojo puede provocarse por medio de una formulación ritual, con el objetivo de que el afectado pierda interés por todo lo que le rodea, incluso por la vida, y llegue al extremo de verse avocado al suicidio.


La tradición nos ha dejado constancia de una creencia que afirma que el mal de ojo también puede llevarse a efecto a través de la relación sexual, cuando la víctima lleva a cabo el coito con una persona capaz de hacer maleficios. Desde muy antiguo, también se cree que una persona puede verse afectada de aojamiento por medio de la mirada de una mujer jorobada, estrábica y embarazada.
El aojamiento y otras supersticiones de este tipo hallan un caldo de cultivo propicio en la creencia de muchas personas en la ‘mala suerte’, en nuestro natural temor al infortunio o a la falta de una explicación o razón que justifique un mal acaecido.

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Entre el cementerio actual y el Cerro de los Santos, las mulas también se sentían sumamente nerviosas, se resistían a proseguir o a desviarse, ¡SE ATASCABAN!.  De hecho, se desviaron caminos  con la Concentración agraria para eludir los antiguos caminos divagantes o “sospechosos”.


También destacar en este Cerro de los Santos el hecho de que se produzcan VIOLENTAS VENTOLERAS huracanadas sin una explicación científica que se sepa. Este cerro es famoso, precisamente, por este no corriente fenómeno. Expongo el siguiente caso: de Madrid se trajo un  nuevo Cristo para la iglesia de Seseña a lomos de una mula. Se desvió por el camino de Ciempozuelos para conectar con Seseña. Al llegar a la altura del Cerro de los Santos, se levanto una ventolera repentina traumática que fue salvada con el apoyo de los que estaban faenando en las proximidades. También, cuando se instalo la antena de Radio de Seseña en dicho Cerro con el objeto de ampliar su alcance, una ventolera inaudita la arranco de cuajo a pesar de los tiros que la sujetaban.

 

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Sintetizando, D. Domingo Izquierdo cree que no hay magias pero si recuerdos de las magias. Fue norma histórica transportar los ataúdes a lomos de las mulas por aquella creencia de que las mulas son seres híbridos, que no se reproducen pos sí mimo, por la creencia de la neutralidad sexual, inaplicable al destino tras la muerte. Lo curioso está en que son las mulas las que más olfato desarrolla en cuestiones  fuera de lo corriente, ¿¿??.

Vaya por delante que el que expolie este cache sera victima de la furia de la divinidades que moran este cerro que domina la comarca.

 

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